sábado, mayo 10, 2008

Dos de meseros.

Resulta que hace unas semanas me ocurrieron 3 sucesos entre raros y desagradables con meseros con pocos días de diferencia, los cuales quiero publicar (diría compartir con "ustedes", pero nadie me lee, jeje).

CASO NÚMERO UNO.

En el Restaurant Los Danzantes, Coyoacán.

Fui con mi novia y unos amigos a dicho lugar un sábado por la tarde, nos acomodamos y por alguna razón el mesero no me cayó bien, probablemente por que me pareció "muy argentino", después noté que tenía un trato especial con dos hombres de edad madura sentados al lado, comenzamos a comer los deliciosos panecitos que te dan para acompañar con mantequilla y especias, pedimos nuestros patillos, los cuales tardaron.

El mesero nos sirvió con displicencia y ya nos habíamos acabado los panes para cuando llegaron los patillos (además, la comida en este restaurant en particular es deliciosa, pero las raciones son cada vez más minúsculas, lástima), así que lo llamé para pedir una ración extra de pan. Los panes nunca llegaron. Posteriormente pedí otra cerveza, la cual tardó mucho en llegar así que tuve la siguiente conversación con mi novia.

Yo.
-...pinche mesero... es algo mamilas... me cae mal...-

Novia.
-Dale chance... ¿por qué te cae mal?-

Yo.
-Desde el principio como que no nos trata como es debido. Nunca trajo los pinches panes y está tardando demasiado... ¿pues qué chingados?, ¿cosechó el lúpulo y la cebada y procedió a fermentarlas antes de traerme mi cerveza?... que chingue a su madre...-

Novia.
-¡Shhh!, ¡te va a oir!.-

Yo.
-No me importa, es más ¡chinga a tu madre!- dije, haciendo la consabida seña de "métete el dedo". (Yo lo sé, acto bastante imprudente, pero 1. ya estaba algo pedo 2... yo soy imprudente)

Y así sucedió.

Después de algunos minutos, los 2 señores de la mesa al lado nos abordaron con preguntas como: "¿de dónde són?", "¿qué hacen por acá?" y esas cosas. Después de algún tiempo parlando abiertamente, dijo uno de los dos caballeros: "...y yo soy papá del mesero que te cayó mal..."

La verdad es que no me impresiona que sea su hijo. De hecho creo que ni me ruboricé, por que ya sospechaba que por lo menos tenían cierto grado de familiaridad, pero mi novia... bueno, mi novia no sabía dónde meter la cabeza. Seguimos hablando un rato ya con menos ánimo, llegó la cuenta, cargué el 10% reglamentario y nos fuimos. Además no es argentino, lo que aumenta mi animadversión hacia dicho mesero, ya que su acento es fingido... asco...

CASO NÚMERO DOS.

El museo de la Cerveza, centro de la ciudad.

Ese mismo día en la noche fuimos mi novia unos amigos y yo al bar "El Zinco", en el cual tocan jazz en vivo, sin embargo el cover estaba muy caro para nuestras aspiraciones ($250 pp) así que decidimos ir a otro bar y nos pusimos a buscar alguno.

Llegamos al llamado "Museo de la cerveza", por el título intuí que habrían de tener innumerables opciones de marcas de todos los tamaños, sabores y nacionalidades. Creí que iba a tener la oportunidad de tomar una cerveza galesa o de alguna parte del Sahel, pero no... sólo cerveza nacional (que no es mala, me encanta, pero el nombre del lugar me pareció algo exagerado, aunque la Conaculta aquí opine que es un museo por que venden parafernalia de las empresas cerveceras y por que hay algo "información cultural acerca de la cerveza").

Pedimos una cerveza cada quien y comenzamos a pasar un buen rato. Buena música, yo me encontraba entretenido viendo una tele en la que estaban pasando alguna de las primeras películas de Star Wars, cuando arriba el mesero, un enanete (no por que yo sea alto, pero este compa si se pasaba de zotaco) se me acerca.

Mesero.
-Caballeros, ¿se la están pasando bien?-

Beto y yo.
-Sí compa, bien. Todo a gusto.-

Mesero.
-¿Están recibiendo un buen servicio?-

Beto y yo.
-Sí, a toda madre.-

Mesero.
-¿Entonces por qué hacen esto?- dijo, señalando una etiqueta de cerveza Pacífico que mi novia lindamente había pegado arriba del servilletero, (digo, ¿quién no lo ha hecho? en el servilletero, en la mesa, en la silla, en un cuaderno...) y agregó: -¿qué no saben que eso es daño en propiedad ajena?, ya la semana pasada tuvimos un problema con unos clientes...- dijo, como esperando que nos avergonzáramos o algo así. Beto y yo nos volteamos a ver, no creimos que el meserete/enanete estuviera hablando en serio, pero como siguió haciendo bronca le pedí: -por favor la cuenta-, asintiendo el meserete.

Explicamos a los demás cómo estuvo el asunto, todos estuvimos de acuerdo en irnos, obviamente pagamos la cuenta y no dejamos un peso de propina, nos marchamos y al ir saliendo el meserete hace la consabida seña de "métete el dedo" a una de mis amigas, Beto se volteó hacia él en actitud retadora y le dijo:

Beto.
-¡¿Qué pasó compa?!- algo fuera de lugar la palabra "compa", por cierto, -¡pues toma tú, pendejo!- dijo en tono bastante pendenciero levantando ambas manos con la misma seña en respuesta.

El mesero hizo cara como de "¿qué trae este?" como para despistar acerca de su afrenta a mi amiga y nos marchamos. Ahora sí a dormir. Emputados. ¡Hazme el chingado favor! (como diría Muñicit´s) ¡habíase visto! (como diría mi santa madre y su hermana)... ¡regañar a los clientes por un asunto baladí como el pegar una inocente etiqueta de Pacífico en un puto servilletero!...

En "Los Danzantes" el mesero sólo nos atendió mal, la grosería corrió por mi cuenta. En el caso de "El Museo de la Cerveza" no me explico el comportamiento mamilas del meserete/enanete y tanto por lo anteriormente descrito como por que me pareció tan desabrido, no recomiendo en lo más mínimo su asistencia a dicho lugar.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

JAJAJAJAAJA

No mames pinche Ron, Pues ya no seas tan kejoso en los pinches restaurantes... PORTATE BIEEEEN! o bueno por lo menos la proxima vez que un mesero te mire feo dale una patada en los huevos para que sepa que esta tratando con un cabron, no con cualquier pendejo.

Sánchez Villa dijo...

Enójate, basta de que nos traten como basura. No sé cuál sea la solución, no sé cuál sea la respuesta ante esto. Pero antes que nada debes enojarte y decirle al mundo que basta, que estás encabronado, que eres un ser humano y que sólo por éso mereces respeto.

Rahvi dijo...

La solución es muy sencilla, y al alcance de cualquiera; no dejar propina. La propina es un extra que el mesero se gana con el servicio.
Que bueno que lo mandaste a la chingada Alfaritos, faltaba mas

Dulce dijo...

Cabe recalcar que la etiqueta ni siquiera estuvo pegada, era la humedad quien la mantenía unida al servilletero... si el mesero fuera chelero o por lo menos mesero de un verdadero "museo de la cerveza" sabría que ese adhesivo es por demás inofensivo.

Vetho dijo...

jajajaja debo decir que estuve en ambos casos y si fue un dia que los meseros no funcionaron, en el caso del restaurante si mal servicio y un papa rabo verde que zorreaba a mi novia y a a la de santiago y cualquier morra que pasara por el pasillo. en el caso del museo de la cerveza, carajo solo porque eran como 5 meseros mas los de cocina porque si no se hubieran armado los chingasos, pinchi mesero pendejo la verdad recuerdo el punto de: "esto es daño a la propiedad privada" y solo me boto de la risa

Choquewis dijo...

Apoyo el punto de vista de Dulce, deberia de saber este meserin, que la etiqueta se desprende de muy facil manera y no es razon para hacerla de jamon. Aunque en el caso de que ami me tacara una situacion similar si lo mando por unas zapatillas de ballet. para que se vaya de puntitas a chin...

Sátiro dijo...

Es cierto, Beto... se me olvidaba que el señor ese andaba de zorro... ya me acordé por qué me puse de mamón jajajaja...

Yorch, tampoco es bueno exponerte a que te den una madriza, finalmente éramos 2 contra el mundo (bueno, si las viejas le entraban se iba a poner bien jejeje) lo que sí, nos mandamos a la verga y lo castigamos con lo que más duele: su propina :).